Los esenciales – un nuevo año

Texto por Verónica A. Lira; Ilustraciones por Sofía Altieri @caos_ilustrado y Verónica Lira

Desde el inicio de la pandemia en marzo de 2020 han habido más de 1.7 millones de muertes por Covid-19 en el mundo y más de 127,000 muertes en México.

Según cifras de la Secretaría de Salud, al 28 de diciembre, el 9.2% de los casos activos de Covid-19 en México corresponde a personal de salud.

Aun con un riesgo importante de contagio, varios estados en semáforo amarillo o verde podrán regresar a clases presenciales este mes, según información de la Secretaría de Educación Pública.

El comienzo de un nuevo año se ha convertido en un ritual de paso donde los calzones de colores, los escondites debajo de la mesa y las maletas en la puerta parecen marcar nuestro destino. Lamentablemente, un nuevo año no necesariamente significa una realidad nueva o un cambio tangible al marcar de las 00:00 horas. Una misma realidad le da la bienvenida al 2021, con personas muriendo a las 11:59 del año viejo y otres coreando a Mecano en el primer minuto del nuevo año.

Desde nuestro privilegio, el 2020 nos hizo experimentar dolor, soledad, gratitud, hartazgo, comodidad, como ningún otro año. Durante su última semana las brillantes luces que adornaban nuestros árboles, que iluminaban nuestras mesas llenas de alimentos nos hicieron olvidar lo diferente que eran las cosas para otros, nos envolvían en nuestra burbuja de agradecimientos, de alivio. Me atrevo a decir que este olvido y esta ceguera a la realidad y desigualdad han estado presentes siempre, pero nos incomodan a tal grado que silenciarlos es más fácil. Al momento en que callamos e ignoramos otras realidades, terminamos también olvidando y minimizando el trabajo de otres mientras los romantizamos y los llamamos héroes.

En el último año, nuestros y nuestras trabajadores esenciales no se han convertido en otra cosa más que en una idealización vacía y sin sentido. Mientras en redes sociales compartimos contenido aplaudiendo la gran labor del personal médico en la lucha contra la pandemia del Covid-19, nuestros pies sienten la arena en la playa más cerca — claro, la más cercana sin “semáforo rojo” porque nos importa más huir de una colección arbitraria de Pantone que realmente entender que un virus no conoce tiempo ni fronteras. A la vez que nos quejamos del cubrebocas desgastado que trae el repartidor quien deja comida a lo largo de nuestra calle, nosotros somos incapaces de usar uno en nuestras reuniones “de confianza” de cada fin de semana. Y la lista sigue y sigue… porque si algo han expuesto estos últimos nueve meses es que somos hipócritas, mucho más de lo que queramos aceptar.

A pesar de nuestra hipocresía y falta de empatía es imposible negar que la mayoría la hemos pasado mal, tal vez perdimos a un ser querido o tal vez nos hemos perdido a nosotros mismos en un vacío existencial. Claro que las cosas han sido difíciles, claro que nuestras lágrimas, nuestra frustración y hartazgo están justificados. Pero, ¿por qué nos olvidamos tan fácil de los y las esenciales? Atrapados entre cuatro paredes nos olvidamos de aquellos y aquellas que arriesgan a diario su vida, sea acomodando anaqueles o conectando respiradores.

Para quienes no lo sepan, hace unos meses me di a la tarea de recuperar historias, anécdotas, relatos y experiencias de aquellas personas a las que solemos llamar héroes heroínas, las que a principio de año recibían los aplausos en punto de las 20:00 horas en distintas ciudades en el mundo y los mismos que son atacados y criticados en un país de ignorantes. Algunes de estos, no héroes ni heroínas, sino trabajadores esenciales me ha compartido un poco de la realidad que vive más allá de nuestras pantallas, de las noticias, de nuestra puerta.

Mi intención principal, tal como lo decía, era forzar la empatía y consciencia de la gente y creo fervientemente que cada historia nos ha permitido entender una realidad que en ocasiones parece demasiado surrealista para contar. El propósito de Los esenciales fue también el agradecer lo que nos rodea, cuestionar nuestra fortuna, criticar la desigualdad y reconocer que sin el trabajo de cada una de estas personas esenciales, no estaríamos a salvo.

Es por todo esto y como recordatorio a que un año calendario no es un borrón y cuenta nueva, que regresé con algunes de estos y estas trabajadores esenciales y conocer qué ha pasado durante los últimos meses — qué ha cambiado, qué sigue igual — y así reflexionar sobre nuestro comportamiento, empatía y resiliencia.

Desde trabajadores en la industria de alimentos y pequeños negocios, hasta personal de salud, todos y todas necesitamos de Los esenciales.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

<span>%d</span> bloggers like this: