Los Esenciales I – un nuevo año

Trabajadores en la industria de alimentos en mercados y tiendas de autorservicio.

Texto por Verónica A. Lira Ortiz. Ilustraciones por Sofía Altieri @caos_ilustrado y Verónica Lira.

De acuerdo con el Diario Oficial de la Federación los mercados de alimentos (supermercados, abarrotes, mercados y tiendas de alimentos preparados) son considerados como un sector esencial, permaneciendo abiertos sin importar el color del semáforo epidemiológico.

El 14 de mayo había 42mil 595 casos confirmados de COVID-19 en México y 4,477 muertes. Hasta el 5 de enero 2021 había 1.45 millones casos confirmados de COVID-19 en México y 127 mil muertes.

Photo by Edward Jenner on Pexels.com

“Los Esenciales” por Verónica Lira

Poco ha cambiado, los anaqueles siguen desordenados y los clientes sin acatar las medidas; en el suelo los cubrebocas y guantes usados, los remanentes de alimentos pisados; en las entradas de los mercados y tiendas de autoservicio hay filas de personas ansiosas, tranquilas, con miedo, sin miedo.

Marcela trabaja como gerente de una de las cadenas de autoservicio más grande de México y el mundo. Su tienda se encuentra en Aguascalientes y durante el último año, Marcela junto con su equipo de trabajo se dedicó a proteger a sus más de 200 empleados y 2,500 clientes diarios, con medidas que a algunos podrían parecerles exageradas.

Su historia la sé de memoria. Hace ocho meses en Abril 2020, su tienda registraba picos de 4,000 clientes diario – casi el doble de costumbre – debido a las compras de pánico. Los clientes vaciaban los estantes del vinagre, de los limpiadores y desinfectantes y hasta el del papel higiénico. Al principio, el desabasto fue inminente y las medidas de seguridad para evitar la propagación del Covid-19 se rediseñaban según los protocolos sanitarios anunciados a nivel nacional e internacional. La gente entendía poco, los más de 200 empleados asociados y promotores de Marcela tenían que soportar el mal carácter de clientes y hacer frente a las nuevas tendencias que se viralizaban en minutos y arrasaban con los productos. “Los productos se mueven según tendencias en redes sociales. Se llevaban el vinagre blanco por galón porque en internet decía que se hacía un desinfectante poderosísimo para acabar con el bicho”, comentaba Marcela detrás de su cubrebocas hace meses.

Habiendo terminado un surreal año y comenzado otro bajo la misma realidad, Marcela comenta que las cosas poco han cambiado, que la gente mantiene una actitud renuente a las medidas de protección — como lo son marcas en el piso cada dos metros para garantizar la sana distancia, señalamientos en los pasillos sobre el sentido en que deben caminar los clientes, prohibir que se midan ropa o accesorios, etc — y que la incredulidad sobre la existencia de la pandemia persiste. “Para nosotros como administradores en las tiendas, es muy difícil tratar de poner control ya que cuando se presentan las autoridades sanitarias, cualquier anomalía es causa de una sanción o incluso una clausura”, cuenta Marcela. “Los clientes no usan de manera adecuada un cubrebocas, incluso una vez que pasan un filtro sanitario establecido en la entrada de la tienda, se retiran el cubrebocas conforme empiezan hacer sus compras.”

La gerente comenta que uno de los retos a los que constantemente se enfrentan sus empleados encargados de los filtros sanitarios su tienda es la desobediencia de los clientes de acatar la regla uno por familia, especialmente cuando traen a niños. Han habido ocasiones en las que termina siendo inevitable la entrada de seis o más personas juntas después de los gritos y amenazas constantes; ella ante todo protege a sus empleados y no permite que sean agredidos de ninguna manera. El incremento de esta insistencia y desacato de tal regla creció con la época navideña, ya que al existir un anexo navideño dedicado exclusivamente a juguetería, los padres de familia se mostraban aún más molestos por no poder cumplir a su manera el rol de “reyes magos”.

“En el filtro sanitario dispuesto en la entrada de la tienda no quieren que se les tome la temperatura en la frente o en el cuello por situaciones tan irrisorias como que les va afectar las neuronas.”

“Me acuerdo mucho de una señora que llegó con un bebé de brazos… como gerente me mandaron llamar a la entrada y le expliqué que no podían entrar niños menores de doce años. La señora vociferando me decía ¿cómo quiere que salga a comprar lo que necesito? ¿Le dejo a mi bebé en lo que entro a hacer mis compras? Me quedó muy en mente que a nosotros nos pedía una explicación pero ella se negaba a aceptar las opciones gratuitas que le dábamos,” comenta Marcela. Su tienda cuenta con opciones de ‘super a domicilio’, a través de un número telefónico gratuito –pensado para clientes que no utilizan smart-phones, así como pedidos por Whatsapp. Ninguna de estas opciones fue preferida por la insistente señora.

Durante el último año las discusiones y enfrentamientos con personas que desean hacer sus compras en mercados y tiendas de autoservicio no se han limitado al aforo permitido o medidas de protección para niños y adultos mayores, sino que aun después de más de 125 mil muertes por Covid-19 en México, están relacionadas con la incredulidad de la gente respecto a esta enfermedad. Desde personas que se niegan a tener un termómetro en su frente, hasta aquellas que aseguran contagiarse a través del gel anti bacterial, la incredulidad ha probado ser uno de los peores enemigos de nuestros y nuestras trabajadores esenciales. “En el filtro sanitario dispuesto en la entrada de la tienda no quieren que se les tome la temperatura en la frente o en el cuello por situaciones tan irrisorias como que les va afectar las neuronas. Una señora quien se negó a la toma de temperatura me argumentó que un doctor le dijo que si asistía a un comercio, no aceptara que se la tomaran en la frente porque le quemaba las neuronas,” cuenta Marcela.

“Tras mucha insistencia un señor accedió a ponerse gel antibacterial en las manos, pero antes de entrar a la tienda se lo limpió en el suéter diciendo que si no se lo quitaba, nosotros lo íbamos a enfermar.”

El caso más preocupante y que atrevo a llamar ridículo, fue el de un cliente quien aseguraba que el gel antibacterial era conductor del Covid-19 y que eran los establecimientos que usaban dicha medida de prevención los culpables de la rápida propagación del virus. “Tras mucha insistencia un señor accedió a ponerse gel antibacterial en las manos, pero antes de entrar a la tienda se lo limpió en el suéter diciendo que si no se lo quitaba, nosotros lo íbamos a enfermar,” platica la gerente.

Marcela cuenta que su personal se ha dado cuenta de la importancia de seguir las medidas impuestas tanto por la compañía multinacional como a nivel municipal y federal, incluso si eso les hace perder clientes. “A mí como administradora me importa más que se siga una medida de control y prevención que ganar ventas. Yo llevo decrementos en el área de juguetería y el anexo navideño, pero eso no me ha hecho relajar mis medidas y dejar entrar a niños.” Sus asociados y empleados se sienten seguros y seguras gracias a esas medidas y como administradora de tienda eso es de lo más importante.

Ilustración original por Sofía Altieri @caos_ilustrado; collage por Verónica Lira

Amaya y César son hermanos y socios de una carnicería en el estado de Morelos, el cual a partir del 4 de enero se mantendrá en semáforo rojo por el aumento de casos y muertes por Covid-19. Ubicados en el mercado municipal, durante el segundo trimestre del 2020, las ventas con clientes minoristas — especialmente de los clientes chilangos — aumentaron para los hermanos, como si fuesen vacaciones o domingos de mercado. En mayo como parte de su estrategia de negocio, compraron una moto para llevar pedidos a domicilio y con ello explorar un nuevo segmento de mercado. Desde entonces se han afiliado con apps locales para distribuir sus productos y cumplir con las medidas de protección sanitaria.

El 6 de julio 2020 el estado de Morelos pasó a semáforo naranja y de acuerdo con Amaya esto se tradujo en medidas más estrictas impuestas por parte del gobierno municipal, como prohibir la entrada de niños y adultos mayores a los mercados, el uso obligatorio de gel y cubrebocas previo a la entrada a la zona de locales de alimentos, así como una toma de temperatura constante a clientes y comerciantes. “A pesar del reforzamiento de estas medidas la gente no ha concientizado sobre que el Covid es real. La gente se responsabilizó por que los obligaban, la SEDENA y la Guardia Nacional hacían rondines y solo así la gente hacía caso,” comenta Amaya. Como parte de las medidas impuestas a comerciantes entre julio y septiembre 2020 se les pidió a las carnicerías y pollerías que colocaran protectores de plástico o acrílico para proteger los alimentos y a los dueños de los locales, sin embargo los otros comercios de alimentos estaban exentos de dicho requerimiento. Una medida ilógica según César y Amaya.

“A pesar del reforzamiento de estas medidas la gente no ha concientizado sobre que el Covid-19 es real. La gente se responsabilizó por que los obligaban, la SEDENA y la Guardia Nacional hacían rondines y solo así la gente hacía caso.”

Meses después en Septiembre 2020 con el cambio a semáforo amarillo y la reapertura de más comercios, las medidas se relajaron por completo al grado en que niños entraban libremente a los mercados y los cubrebocas y demás medidas de protección sanitaria se convirtieron en recomendaciones mas que en obligaciones. El semáforo amarillo también provocó que que más gente proveniente de otros estados abarrotaran los mercados municipales de Morelos en búsqueda de provisiones para su escape de la ciudad y restricciones más estrictas. “La gente sentía que estaba de vacaciones o que podían huir de sus casas para poner en peligro las nuestras”, dice Amaya molesta. Solo entre septiembre y noviembre fue que Amaya tuvo la oportunidad de visitar a su madre, quien es una persona de la tercera edad, tomando precauciones como sana distancia y el uso de cubrebocas. Hace un mes eso terminó con el regreso de Morelos a semáforo naranja. “Volvieron a poner vigilantes, pero dejaban pasar a todo el mundo y no había nadie que le diga a la gente que se ponga gel o cubrebocas. Los vigilantes están como pantalla nada más para que parezca que el gobierno municipal está haciendo algo,” comenta Amaya.

A partir del 24 de diciembre Morelos regresó a un cierre total de actividades y a semáforo rojo epidemiológico debido al aumento de casos y muertes producto del flujo de mexiquenses y chilangos que huían de las restricciones impuestas previamente en sus estados. Amaya comenta que si bien las ventas se han permanecido estables e incluso crecido durante la época navideña, a las autoridades locales parece importarles más el flujo turístico y los procesos electorales de este 2021 que proteger a su gente. En su colonia un joven recientemente falleció por Covid-19 después de una cabalgata festiva que pasó desapercibida por parte de las autoridades municipales.

“La gente sentía que estaba de vacaciones o que podían huir de sus casas para poner en peligro las nuestras.”

Además de atender la carnicería con su hermano, Amaya le ayuda a su marido con su negocio de productos lácteos. Él recorre diariamente Morelos, así como partes de Guerrero y el Estado de México para repartir sus productos. Amaya lo acompaña los fines de semana, mientras aprovecha para hacer el mandado en ciudades más grandes y cosmopolitas. Aun cuando desde el inicio de la pandemia, ella y su esposo han utilizado caretas y goggles adicionales a las medidas de protección básicas — siendo vistos como “bichos raros” por la mayoría de sus clientes– Amaya no pudo evitar contagiarse de Covid-19. La comerciante comenta que algunos ayuntamientos del estado de Morelos pusieron tinacos para incentivar el lavado de manos y las medidas de prevención contra la enfermedad, ahora la mayoría han sido retirados o incluso robados.

Teniendo una hermana enfermera y una sobrina doctora, Amaya tiene un constante recordatorio acerca de la importancia de acatar las medidas de protección y de no relajarlas a pesar de la existencia de una vacuna. La historia de Amaya es muy similar a la de tantos y tantas comerciantes quienes arriesgan a diario su vida para que nosotros tengamos comida sobre nuestras mesas.

Los esenciales

La identidad de los, las y les entrevistados fue modificada para proteger su seguridad. Se respetaron íntegramente sus palabras y pensamientos compartidos. Las entrevistas se realizaron respetando las medidas de confinamiento y sana distancia. 






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