Los Esenciales II – un nuevo año

Educadores

Texto por Verónica A. Lira Ortiz. Ilustraciones por Sofía Altieri @caos_ilustrado y Verónica Lira.

A partir del 24 de marzo 2020 fueron suspendidas las clases presenciales en México para todos los niveles educativos.

El 14 de mayo había 42 mil 595 casos confirmados de COVID-19 en México y 4,477 muertes. Al 11 de enero 2021 había 1.52 millones casos confirmados de COVID-19 en México y 133 mil muertes.

Photo by Edward Jenner on Pexels.com

“Los Esenciales” por Verónica Lira

Miles de educadores a nivel nacional han tenido que adaptarse a la realidad virtual que trajo la pandemia por Covid-19, mientras que miles de niños y niñas en México darán estos ciclos escolares prácticamente por perdidos.

Joaquín se graduó cómo psicólogo hace un par de años y desde entonces trabaja como profesor de una primaria privada en el municipio de Naucalpan, Estado de México. Al tratar con niños de todos los grados, pequeños desde seis y hasta 12 años, Joaquín ha sido testigo de las diferencias en la adaptabilidad ante la situación del Covid-19. “Los chiquitos parecen no estar muy afectados, son muy maleables y no alcanzan a comprender las consecuencias de lo que está pasando. En mis alumnos de 5to y 6to ya comienzas a escuchar la desesperación y frustración por el encierro, pero se mantienen aun así al margen de la situación”, comentaba Joaquín en nuestra última entrevista hace seis meses.

Hace diez meses en Marzo 2020 las clases presenciales se suspendieron y después de dos semanas de asueto para los y las alumnas y de preparación para los y las profesores, comenzó el verdadero reto de adaptar la educación a un sistema casi completamente nuevo. La educación a distancia se tradujo en una completa disrupción a lo que conocíamos con estrategias para migrar a un modelo virtual — por supuesto algo más sencillo para las escuelas con la infraestructura tecnológica y los recursos suficientes. Esta necesidad inminente de innovar llevó a Joaquín a prepararse acerca del tema con un diplomado. Sin embargo, al momento de enfrentarse a la cruda realidad de la pandemia, éste no fue suficiente. “Innovar no es un pizarrón inteligente, es un proceso estructurado que genera un cambio en la forma que enseñamos. Hacerlo durante este periodo se dificulta por una cuestión administrativa, a muchas instituciones les da miedo implementar cosas nuevas, lo mismo a profesores. Hay maestras y maestros que funcionan bien con enseñar la libreta en la cámara y no se dan a la tarea de hacer algo distinto. Usar la computadora no es innovar,” comenta Joaquín.

“Es un popurrí de todo, una mezcolanza [… lo que] les impide poner atención a una pantalla. Y lo es aún más cuando tienes a un profesor que en lugar de innovar y adaptarse sigue haciendo lo mismo de la clase presencial sin preocuparse por cómo aprenden sus alumnos.”

Como profesor y psicólogo infantil Joaquín, quien ha concluido ya dos semestres escolares y está a punto de comenzar la segunda mitad de un nuevo ciclo escolar, ha visto poco cambio en la actitud de los padres quienes, contaba hace unos meses, se han acostumbrado a dejar por completo la educación de sus hijos e hijas en manos de la escuela, a ser totalmente dependientes de los y las educadores. Además de esta dependencia, Joaquín cuenta que las clases virtuales han expuesto los comportamientos entre padres e hijes dentro de la privacidad de su hogar, esto es que la educación basada en los castigos y violencia se ha hecho completamente evidente. “Se metió el trabajo en nuestra vida privada, los compañeros saben si tienes perros, si entra tu mamá, perdimos la intimidad. Te das cuenta que cuando el niño llora y en su casa no hay psicólogo, tienen mamá y papá y ellos no saben cómo modificar conductas violentas a correcciones amables,” cuenta el docente.

Otro de los cambios más evidentes para Joaquín desde el inicio del confinamiento hasta ahora es la actitud de los alumnes y padres respecto a la pandemia. “Al principio percibía que los papás cuidaban mucho a los niños, como decirles que esto era ‘cosa de adultos’, que no se preocuparan. Conforme pasaron los meses los padres también se desesperaron, desgastaron y regresaron a la vieja confiable de una educación violenta y normalizada”, comenta Joaquín. Por otra parte, está la realidad de los niños y niñas que han perdido familiares cercanos debido a la Covid-19, pues de acuerdo con él no hay mayor sentimiento de impotencia y frustración pues “por mucho que los queramos cuidar, ya les está tocando el vivir y lidiar con esto a edades muy tempranas.”

“Me siento con las manos atadas. Nos alcanzó lo que queríamos evitar. Lo inevitable ya llegó y no supimos, no sabemos y no sabremos cómo lidiar con esto.”

Todos estos factores, por supuesto sin tomar aún en cuenta la enorme desigualdad en recursos de aprendizaje, están contribuyendo a la existencia de un rezago académico a gran escala. Según Joaquín, algunos y algunas alumnas aprovecharon el estar en casa al tener papás presentes y atentos a su educación, sin embargo muchos no tienen las condiciones suficientes para aprender. “Es un popurrí de todo, una mezcolanza, pues aun con dinero o buen nivel de vida, lo emocional, las estrategias de los papás y los trastornos de neurodesarrollo les impiden poner atención a una pantalla. Y lo es aún más cuando tienes a un profesor que en lugar de innovar y adaptarse sigue haciendo lo mismo de la clase presencial sin preocuparse por cómo aprenden sus alumnos.” Poco optimista para este 2021 y dudoso de su permanencia en dicha institución, Joaquín insiste que además del inminente rezago educativo, la educación a distancia ha impedido el desarrollo psicoemocional de los niños y niñas al aprender. “Son mil factores y cada caso es un mundo. Mi preparación me ha dado la posibilidad de reconocer esos casos particulares, pero me siento con las manos atadas. Nos alcanzó lo que queríamos evitar. Lo inevitable ya llegó y no supimos, no sabemos y no sabremos cómo lidiar con esto.”

Ilustración original por Sofía Altieri @caos_ilustrado; collage por Verónica Lira

Pilar lleva más de 30 años coordinando y dando clases en la misma escuela privada del Estado de México, que pertenece a una de las instituciones de educación media y superior más grande del país. Actualmente es directora de departamento y además de dar clases, coordina a 26 profesores de ciencias sociales, humanidades y negocios. Su preparatoria cuenta con alrededor de 600 alumnos con un nivel socioeconómico medio y alto, quienes durante el curso de la pandemia por Covid-19 han enfrentado pocos o nulos problemas de recursos. Sin embargo, no todos sus profesores y staff se encuentran en el mismo nivel socioeconómico y son ellos quienes también han sufrido el impacto mental y emocional del confinamiento.

Desde la transición de la educación presencial a un modelo remoto, la directora ha experimentado una gran incertidumbre sobre qué tanto y qué tan bien aprenden los y las alumnas, pues el contacto humano y visual es prácticamente inexistente. “Al inicio había mucho entusiasmo por el cambio, pero con el tiempo se hicieron más pasivos. Sin importar su circunstancias, la transición ha sido pesada y difícil para muchos”, comentaba Pilar hace unos meses.  La planeación del semestre agosto diciembre fue muy complicada y para directivos como ella no hubo vacaciones de verano pues había planear, desechar lo que se había intentado y crear nuevas estrategias, lo cual como lo mencionó también Joaquín, es extremadamente difícil. “De agosto a diciembre ya teníamos la ilusión de clases presenciales y hubo un gran rediseño en cómo se darían las clases, por ejemplo dando más espacio para tiempos libres a los alumnos para que no se cansaran de estar todo el día frente a la pantalla y que los profesores tuvieran más tiempo de planeación,” cuenta Pilar con un terrible desencanto al ver sus planes de un modelo híbrido truncos debido al semáforo epidemiológico.

“Muchos no prendían su cámara, por más que uno se los pedía de la manera más cordial no lo hacían. Pero también es cierto que en el momento en que ellos lo hacen, nosotros entramos a su casa y somos partícipes de la dinámica de sus familia y los padres son parte de la nuestra.”

La educación a distancia ha provocado que los problemas se resuelvan en la manera en la que se van presentando, lo cual, comenta Pilar, no es la mejor forma de hacerlo pues a veces al reaccionar rápido existen más desaciertos. Por supuesto, siguen existiendo muchas preocupaciones en virtud que las cosas no han cambiado y que hay una total incertidumbre sobre cuándo podrá terminar la modalidad remota del sistema educativo mexicano. Algunos alumnos, alumnas y profesores de su institución se han adaptado bastante bien a la modalidad remota, sin embargo Pilar cuenta que entre los jóvenes existen dos extremos: aquellos que mantienen una relación cordial y una actitud optimista o positiva, y aquellos que se muestran apáticos, poco operativos e incluso manipulativos.

“Muchos no prendían su cámara, por más que uno se los pedía de la manera más cordial no lo hacían. Pero también es cierto que en el momento en que ellos lo hacen, nosotros entramos a su casa y somos partícipes de la dinámica de sus familia y los padres son parte de la nuestra,” comenta Pilar explicando la posible apatía de muchos de sus alumnos y alumnas. La docente lamenta que tanto padres como hijos reaccionen sin entender lo que pasa realmente “dentro” del salón de clases especialmente tratándose de algún comentario o llamado de atención derivado del comportamiento de los y las alumnas. “Desgraciadamente se han vuelto muy sensibles y este tipo de actitudes no solo me han ocurrido a mí, sino también a profesores de altísimo nivel, bien calificados.”

“Somos responsables por hacer que las cosas continúen y debemos hacerlo lo mejor posible.”

Para Pilar el 2021 sigue siendo casi completamente incierto, no hay anuncios oficiales por parte de la SEP que indiquen con certeza un regreso a las clases presencial pero la vacunación contra el Covid-19 trae una nueva esperanza para el semestre agosto-diciembre 2021. Por mientras, Pilar reflexiona sobre las enseñanzas, el sufrimiento y las dificultades que la pandemia ha traído, incluyendo sus consecuencias económicas, políticas y sociales. “Nos quejábamos de nimiedades de muy poca importancia pero ahora hemos perdido conocidos y muchas emociones se nos han movido. Tengo que asegurarme que los profesores que coordino, que mis alumnos y que la gente con la que trabajo siga con el mismo ritmo y compromiso. Somos responsables por hacer que las cosas continúen y debemos hacerlo lo mejor posible.”

Abigail ha sido maestra universitaria por más de 15 años, tanto en instituciones públicas como privadas. Por años ha presenciado las distintas situaciones socio económicas de sus alumnos y de las mismas universidades, igualmente se ha enfrentado a modelos educativos distintos que deben adaptarse de acuerdo a los objetivos de cada institución y los recursos de las mismas. 

Conservando un trabajo estable en dos universidades — una pública y otra privada — hace unos meses Abigail comentaba que la migración de clases presenciales a virtuales para nada fue con los mismos recursos ni habilidades a las que alumnos, alumnas y profesores estaban acostumbrados. Sin embargo, la docente vio un cambio importante del primer al segundo semestre a distancia, pues comenta que ha habido una resignación por parte de los alumnos y alumnas a adaptarse. “Noto a mis alumnos más resilientes y adaptados, más resignados a esta llamada ‘nueva normalidad’. Por fortuna, casi todos pudieron continuar conectándose en las clases sincrónicas, por ese lado sí observé y sentí que funcionamos sin tanta presión y con menos estrés que hace un semestre,” cuenta Abigail.

“Noto a mis alumnos más resilientes y adaptados, más resignados a esta llamada ‘nueva normalidad’.”

A pesar de esta mejor adaptación, el estrés, la depresión y ansiedad por parte de alumnos, alumnas y profesores han estado presentes a lo largo de los meses, especialmente “porque rondaban cerca de sus entornos las pérdida de familiares y amigos.” Abigail comenta que desde nuestra última entrevista en Mayo 2020, un familiar cercano enfermó de Covid-19 pero sobrevivió posterior a su intubación, mientras que otro falleció a causa de la enfermedad y un ex-alumno suyo perdió también la batalla. “Es muy doloroso porque no estamos cómo era antes que íbamos acompañar al inicio del duelo de la familia, esa parte no nos había tocado de cerca vivirla y eso ha sido muy doloroso y triste vivirla”, comenta Abigail quien también ha presenciado este dolor en sus alumnos y alumnas que han perdido a alguien cercano a causa de esta enfermedad.

Los y las profesores siempre han sido una parte crucial en el desarrollo de las infancias y adolescencias. Son ellos y ellas quienes se preocupan por nuestro desarrollo y contribuyen a nuestro crecimiento personal y profesional. Con el confinamiento nos dimos mayor cuenta de su valor e importancia, pues como padres o testigos nos parecía increíble la labor que hacen a diario para lograr captar la atención de sus alumnos y alumnas. Nuestros educadores tienen sus propias vidas y preocupaciones y a pesar de ello, a diario intentan mantenernos cuerdos y en constante aprendizaje. Este año no pinta mejor, sin embargo ellas y ellos siguen a pie de cañón sosteniendo un sistema desquebrajado. A Joaquín, Pilar y Abigail, gracias infinitas.

Los esenciales

La identidad de los, las y les entrevistados fue modificada para proteger su seguridad. Se respetaron íntegramente sus palabras y pensamientos compartidos. Las entrevistas se realizaron respetando las medidas de confinamiento y sana distancia.







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